Duelo

Lic. Eliana Spargliardi

El duelo, es un proceso normal que nos prepara para vivir sin la presencia física de esa persona y con la que tenemos un vínculo afectivo a ella. La intensidad y la duración del duelo, depende de diversos factores como las circunstancias de la muerte, la edad o la existencia o no de conflictos son algunos de los que más influyen, que suele ser, en circunstancias normales de 2 años.


Durante el proceso del duelo, las personas suelen experimentar varias etapas. En primer lugar, se produce una fase de ‘shock’, en la que el principal reto es aceptar la realidad de la pérdida; posteriormente suele venir una etapa de “rabia” donde es común el sentimiento de “desamparo y dolor”, unido a problemas de “insomnio, pesadillas o baja autoestima”; a esto le sigue una etapa de desesperanza, que es cuando se empieza a ser consciente de que la persona “nunca volverá”; y, finalmente, aparece la fase de reorganización.
El momento clave en el que hemos superado el duelo, es aquel en el que nos sentimos afortunados de haber podido compartir nuestra vida con esa persona, es “completamente normal” tener la sensación de estar recorriendo una y otra vez estas cuatro fases.
A medida que todas estas emociones sean menos intensas, nos encontramos ante un síntoma claro que nos estamos adaptando con calma a la realidad de esta gran pérdida. La muerte de un ser querido es una de las circunstancias más terribles a las que todos nos enfrentamos a lo largo de la vida, pero también, puede convertirse en una experiencia enriquecedora que nos haga madurar y crecer internamente.
Cuando la etapa de duelo se extiende demasiado (un año o más), empieza el riesgo de vivir una pena patológica que provoca un desorden en las emociones y por lo tanto un cambio muy marcado en la personalidad.
Desde la asistencia terapéutica trabajaremos intentando animar a la persona que sufre el duelo a que reconozca y exprese sus sentimientos de pérdida y los sentimientos hacia la persona fallecida. Es muy importante que se le proporcione apoyo emocional a la persona, tanto de parte del terapeuta como de la familia extensa y amigos.
La mayoría de la gente no necesita ayuda para elaborar su duelo. El problema viene cuando alguien siente que no consigue seguir con su vida sin que la pérdida interfiera en ésta de manera significativa. Al principio del proceso de duelo es normal que ocurra esto, pero mantenido en el tiempo puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto, que podría definirse como “la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución”.
En este último caso podremos trabajar desde la terapia cognitiva conductual con diferentes técnicas de exposicion y conexión emocional, a fin de llegar a un lugar de aceptación de esta nueva realidad.