Miedo y evitación de eventos sociales. Ansiedad Social.

Lic. Romina Recchia

 

Los seres humanos somos seres esencialmente sociales, nos resulta apetitivo  integrarnos en grupos. Hay una razón evolutiva pues la necesidad de otro ser humano protege a la especie en las primeras etapas de la vida, y la prolongación de ese  apego en relación a otras especies, reafirma lo trascendental que es vivir en comunidad.

Es esperable percibir la amenaza ante la posibilidad de ser evaluados negativamente así perder el afecto, aprobación, estima y reconocimiento de personas significativas, que la activación del sistema de alarma mediante la vívida experiencia de ansiedad tiene la función de protegernos.

Las emociones funcionan como señales, que alertan e indican que existe un problema a resolver.

Su función es anticipar un peligro, detectar amenazas y activar las conductas apropiadas para enfrentar, escapar o evitar las mismas.

Es necesario tener una relación amorosa con las emociones, luchar para suprimirla sólo complica la situación, tal vez aumentando la percepción de alarma.

Aprendemos de niñas y niños a tratar con las emociones con rechazo o apego, y lo cierto es que no podemos alejarnos de ellas por más que quisiésemos controlarlas, pues es lo que nos hace humanos.

Podemos aprender a distinguirlas, conocer que algunas emociones tienen un carácter secundario (por la historia vital se aprendieron y experimentan con elevada frecuencia), preguntarnos qué nos está informando la emoción, a qué problema específico remite, para visualizar las alternativas de solución y ponerlas en marcha.

Su función es la de motivarnos para encontrar las conductas apropiadas que nos permitan afrontar situaciones y desafíos.

La ansiedad o fobia social se define por el temor acusado y persistente a situaciones que implican contacto social o en las que deba actuar ante personas desconocidas, o a la posible evaluación de otros.  

Es muy habitual que quien presenta síntomas de ansiedad social tenga una preocupación excesiva a actur haciendo el ridículo provocando la humillación, en otras personas el temor es a que otros perciban los síntomas de ansiedad (sudoración, ruborización, trabas al hablar, silencios indeseables, etc.).

Como las emociones naturalmente son funcionales, también en las situaciones interpersonales la ansiedad es protectora, de este modo nos permite comportarnos y desempeñarnos en diversos eventos sociales, particularmente en aquellos que significan una novedad o la integración a los patrones sociales o de nuestro grupo de pertenencia. Conduce a la asimilación de las normas y convenciones sociales para cumplir diferentes roles.

Muchas personas experimentan síntomas ansiosos frente a figuras de autoridad, cuando deben dar una buena impresión o cuando se evalúa importante obtener el reconocimiento y autovaloración. Antes de dar un discurso, en una entrevista laboral, en un primer encuentro amoroso, frente a un examen oral es común sentir los síntomas de la ansiedad social (sudoración, rubor, palpitaciones, temblores) pueden aparecer inseguridades acerca del desempeño propio.

La ansiedad social normal es motivada durante la situación problema, disminuyendo una vez que se la atraviesa o que finaliza, sin inhibir el comportamiento adecuado para afrontarla.

La búsqueda de ayuda psicológica es recomendable siempre que esta respuesta emocional afecte negativamente la calidad de vida de la persona, alejándola de todo lo que hace una vida valiosa, activándose un elevado nivel de ansiedad discorde con la magnitud del problema, limitando su accionar y conduciendo a la evitación de situaciones interpersonales.

La tendencia de los individuos con ansiedad social esa evitar aquellas situaciones que activan los síntomas ansiosos:

  • Hablar en público
  • Ser presentado
  • Hablar con personas de autoridad
  • Mirar a los ojos
  • Ir a una fiesta
  • Escribir o trabajar mientras se es observado
  • Acercarse a una persona con interés amoroso
  • Comer o beber en lugares públicos
  • Rendir un examen
  • Expresar un desacuerdo con gente poco conocida

 

Los síntomas corporales habituales son:

  • Palpitaciones
  • Ruborización
  • Temblor
  • Sudoración
  • Tensión muscular
  • Sensación de nudo en el estómago
  • Sequedad en la garganta sensación de frío o escalofrío
  • Presión craneal o cefalea

Síntomas cognitivos y conductuales implicados:

  • Atención autoenfocada
  • Autoevaluación negativa
  • Evitación y huida en situaciones interpersonales
  • Alteraciones del comportamiento
  • Déficit de habilidades sociales

 

 

¿Cuál es el tratamiento en el TAS?

La Terapia de la Conducta implica un tratamiento psicológico con intervenciones y técnicas de auto-observación, desensibilización sitemática, exposición en vivo, identificación y manejo de la resistencia a eventos privados (pensamientos, emociones, sensaciones corporales), entrenamiento en habilidades sociales y asertividad, , relajación y respiración, activación conductual centrada en valores.

 

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