
El trastorno bipolar, es un desorden del estado del ánimo que cuenta con períodos de depresión repetitivos (fases depresivas) que se alternan con temporadas de gran euforia (fases maníacas). El paciente oscila entre la alegría y la tristeza, de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología. Su causa es un desequilibrio químico a nivel cerebral. Los estados de ánimo pueden cambiar rápidamente (en un año se pueden manifestar entre 4 o más cambios de ánimo) como también pueden cambiar lentamente. En términos psiquiátricos, esto se llama ciclos rápidos o acelerados, y ciclos lentos, respectivamente.
Según el DSM IV, el desorden bipolar tipo I se da en aquellos individuos que han experimentado uno o más episodios maníacos con o sin episodios de depresión mayor.
El Trastorno bipolar tipo II se caracteriza por episodios de hipomanía así como al menos un episodio de depresión mayor. El desorden bipolar tipo II es mucho más difícil de diagnosticar, puesto que los episodios de hipomanía pueden aparecer simplemente como un periodo de éxito con alta productividad y suele relatarse esto con menos frecuencia que cuando se sufre una depresión.
Las señales y los síntomas del período depresivo en el afección bipolar incluyen: sentimientos constantes de tristeza, ansiedad, culpa, ira y soledad y/o desesperanza, desordenes de sueño, apetito, fatiga, pérdida de interés por actividades de las que la persona antes disfrutaba, problemas de concentración, odio hacia uno mismo, apatía o indiferencia, perdida de interés en la actividad sexual, falta de motivación, etc.
Las personas que se encuentran en un episodio maníaco pueden estar eufóricas, y/o irritables, incrementando sus actividades y cualidades tanto físicas como mentales. El aumento de la energía y de las actividades es muy común. La necesidad de dormir se encuentra disminuida. La persona suele distraerse rápidamente y puede manifestar e incluso llevar a la práctica ideas irreales, y sobre optimistas. Las facultades sociales se ven disminuidas, y las ideas poco prácticas suelen llevar a indiscreciones tanto financieras como amorosas.
Las personas que se encuentran en este episodio usualmente experimentan los síntomas de la manía en menor grado, o menos síntomas. La duración es regularmente menor que la manía, y se caracteriza por una gran cantidad de ideas, un pensamiento extremadamente ingenioso, y un incremento en la energía.
La prevalencia del Trastorno Bipolar tipo I se sitúa entre el 0,4 y el 1,6 % de la población general según DSM IV, siendo igual para ambos sexos y entre grupos étnicos.
La prevalencia del Trastorno Bipolar tipo II está en torno al 0.5% de la población, también según DSM IV. Es más prevalente en mujeres.
Tratamiento farmacológico: los fármacos de primera elección son los estabilizadores del estado de ánimo, también se prescriben los anticonvulsivantes. También suelen combinarse con antidepresivos, así como antipscóticos.
Tratamiento psicoterapéutico: para lograr un buen pronóstico y evolución de la enfermedad el tratamiento farmacológico debe estar siempre acompañado por un tratamiento psicoterapéutico.
El tratamiento psicoterapéutico con mayor validación en este tipo de desordenes es la terapia cognitiva conductual, de esta manera el tratamiento se orientará fundamentalmente en la psicoeducación, cuyos objetivos serán:
* Que el paciente pueda recibir información acerca del afección, y que la misma funcione como un recurso destinado a producir cambios a nivel cognitivo y conductual, aumentando así la efectividad del paciente en el afrontamiento de la enfermedad.
* Que el paciente pueda lograr una mayor adherencia al tratamiento farmacológico.
* Entrenamiento del paciente en el reconocimiento de eventos vitales estresantes, ya que los mismos pueden ser potenciales disparadores de nuevas crisis.
* Entrenamiento del paciente en la detección y afrontamiento funcional de los síntomas prodrómicos, que son aquellos que anticipan los episodios tanto maníacos como depresivos. Para ello se realizarán revisiones en conjunto con el terapeuta de episodios previos, en busca de síntomas o signos anteriores al cuadro completo, y en consecuencia se diseñarán planes de acción y conductas de afrontamiento.
* Entrenamiento del paciente en la auto monitorización y registro de su estado de ánimo, lo cual le servirá para incrementar su conciencia de enfermedad.
* Entrenamiento en la modificación de cogniciones disfuncionales.
* Entrenamiento en comunicación y resolución de conflictos, ya que generalmente estos pacientes tienen dificultades interpersonales.
* Psicoeducación familiar, la cual apunta a mejorar la comprensión de la enfermedad por parte del sistema familiar del paciente, produciendo así cambios a nivel conductual y actitudinal que optimicen las estrategias de afrontamiento.
Lic. Eliana Spargliardi
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