La crisis vital no es un trastorno mental, pero es un factor influyente en la calidad de vida de quien lo experimenta. Todas las personas se encuentran expuestas a sufrir un período de crisis vital en cualquier momento de la vida y es esperable atravesarlo con un intenso malestar emocional, con cambios en las creencias, valores y patrones comportamentales.
El sufrimiento es un aspecto inevitable de la vida, del cual ninguna persona puede escapar. No es positivo ni negativo, es desagradable de experimentar pero permite reflexionar, evaluar alternativas y cambios de comportamiento, también mueve a reformular las creencias y valores subjetivos y con ello los objetivos de vida.
A Todos los seres humanos atraviesan acontecimientos psicosociales críticos que mueven necesariamente a realizar cambios de hábitos para lograr adaptarse emocionalmente a lo que los nuevos hechos demandan.
Durante una crisis vital las creencias idiosincráticas son cuestionadas, es por ello que podemos decir que después de atravesarlas la construcción del mundo se ha enriquecido.
La crisis vital emerge en la vida de una persona cuando se ve obligada a enfrentar un suceso ambiental inusual y/o excesivo, significando una amenaza en su calidad de vida o su la integridad física, siendo insuficientes los recursos subjetivos para afrontarlo. A esto se denomina estado de vulnerabilidad.
Algunos ejemplos de crisis vitales son:
- Pérdida de un ser querido
- Enfermedad crónica propia o de un allegado
- Separaciones de la pareja
- La independencia de los hijos fuera del hogar
- El “vivir solo” y la autonomía
- La adaptación a la convivencia en pareja
- Toma de decisión sobre una carrera u oficio
- Cambios de ámbito laboral o puesto de trabajo
- Mudanzas
- Desarraigo ante la emigración (mudanza) a una nueva ciudad con patrones culturales diferentes a los de origen
Las personas pueden verse motivadas a solicitar ayuda psicoterapéutica ante diversas situaciones vitales dolorosas.
El tratamiento terapéutico en crisis vitales conlleva como primera funcionalidad la de ser preventivo de futuros desordenes mentales. En los procesos de crisis vital no se cumplen los criterios psicopatológicos para un trastorno mental, pero puede funcionar como un disparador para el mismo.
Generalmente el tratamiento es de corta duración, se abordan los objetivos que son acordados entre terapeuta y consultante, y en estos casos la terapia cognitivo conductual puede ser menos sistematizadas que en los tratamientos para trastornos mentales.
Lic. Recchia Romina
|