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La psicoterapia para niños se compone de numerosas técnicas y métodos que se usan para ayudar a niños y adolescentes que experimentan dificultades con sus emociones y comportamiento. Aunque hay diferentes tipos de psicoterapia, todos dependen de la comunicación para lograr cambios en las emociones y el comportamiento de la persona. La psicoterapia puede involucrar al niño individualmente, a un grupo o a la familia. En el caso de niños y adolescentes, el jugar, el dibujar, además del hablar, son formas importantes para compartir sentimientos y resolver problemas. Como parte de la evaluación inicial, el terapeuta realizará un psicodiagnóstico, y determinará la necesidad de tratamiento. Esta decisión estará basada en factores tales como los problemas actuales que presenta el niño, su historial, nivel de desarrollo, habilidad para cooperar con el tratamiento y qué tipo de intervención es más compatible con el motivo de consulta. Como parte del tratamiento se realiza orientación a padres, y a docentes. A su vez, en algunas situaciones se requiere la combinación de la psicoterapia con otras disciplinas tales como psicopedagogía, fonoaudiología, terapia ocupacional, neurología, psiquiatría etc. Por otro lado, la relación que se desarrolla entre el terapeuta y el paciente es muy importante, ya que el niño o adolescente debe de sentirse cómodo, seguro y comprendido, expresando así sus pensamientos y emociones y usando la terapia de manera eficaz. La psicoterapia ayuda a los niños y adolescentes de varias maneras, ya que además de recibir apoyo emocional, les ayuda a resolver conflictos con otras personas, entender emociones y problemas, adquirir habilidades sociales, expresar estados de ánimo, comprender y modificar comportamientos disfuncionales, resolver inseguridades, etc. De esta manera, la duración del tratamiento depende de la complejidad y gravedad del diagnóstico.
No son sólo los adultos los que se deprimen, los niños y los adolescentes pueden sufrir también de depresión, la cual se definirá como un trastorno cuando los síntomas depresivos persisten e interfieren con el funcionamiento del niño o del adolescente.
Aproximadamente el 5 por ciento de los niños y adolescentes de la población general padecen depresión, a su vez aquellos que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención, del aprendizaje o de la conducta tienen mayores riesgos, así como también aquellos con antecedentes familiares de tal trastorno.
El comportamiento de los niños y adolescentes deprimidos es diferente al comportamiento de los adultos deprimidos, de esta manera los padres deben estar atentos a los siguientes síntomas:
- Tristeza persistente, lloriqueo y llanto profuso
- Desesperanza
- Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas
- Aburrimiento persistente y falta de energía
- Aislamiento social, comunicación pobre
- Baja autoestima y culpabilidad
- Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso
- dificultad para vincularse.
- Dificultad en el mantenimiento de sus relaciones
- Quejas frecuentes de enfermedades físicas
- Ausencias frecuentes de la escuela
- Concentración pobre
- Cambios notables en los patrones de comer y de dormir
- Hablar de o tratar de escaparse de la casa
- Pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autoagresivo
El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial. El tratamiento incluye terapia individual y orientación a padres, a su vez, también puede incluir un tratamiento psiquiátrico y por lo tanto el uso de medicamentos antidepresivos.
Los padres generalmente llegan a la consulta psicoterapéutica a partir de la derivación de la escuela donde les dicen que el niño o adolescente no presta atención en clase, se dispersa con facilidad, no logra finalizar las tareas, o tiene problemas de conducta. Una posible causa para este tipo de comportamiento es el Desorden de Déficit Atencional con o sin Hiperactividad (ADHD -- Attention-Déficit/Hyperactivity Disorder).
Los niños con ADHD presentan habitualmente un comportamiento impulsivo e incapacidad para concentrarse en las diferentes actividades propuestas. Muchas veces el déficit atencional va acompañado por síntomas de hiperactividad, así en los niños pequeños se puede notar el excesivo correr y trepar, la dificultad para sostener tiempos de espera, y gran actividad sin metas específicas. Por otro lado, en los adolescentes se observa la incapacidad para estar quietos, la realización de varias actividades a la vez, sin finalizar ninguna de ellas y la dificultad para planificar y organizarse.
El ADHD es diez veces más común en niños que en niñas.
El niño o adolescente con ADHD presenta varias de las siguientes características:
- se distrae fácilmente;
- comete errores por ser descuidado o por ser impulsivo;
- habla demasiado en clase;
- no tiene paciencia para esperar su turno en situaciones de grupos;
- no puede terminar nunca lo que se le pide
- no puede jugar durante la misma cantidad de tiempo que otros niños de su edad.
El tratamiento para este tipo de trastorno suele ser combinado, es decir se utilizará un abordaje psicoterapéutico en conjunto con un tratamiento farmacológico, en general la medicación utilizada suele ser el metilfenidato. Sin el tratamiento adecuado, tanto los niños como los adolescentes, con ADHD, tendrán problemas de aprendizaje y también en sus relaciones sociales, ya que muchas veces por la gran impulsividad suelen tener dificultad para vincularse.
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